Adanhiel Escritor activo
Cantidad de envíos : 1188 Fecha de nacimiento : 06/09/1967 Edad : 57 Localización : Torrelavega (Cantabria) Fecha de inscripción : 22/01/2013
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| Tema: GRIS PROFECÍA Miér Mar 27, 2013 3:47 pm | |
| Admirable, pero también patética raza la nuestra perdida ante la procelosa maleza de una variedad inmensa de innovadores matices que, al vértigo de su transcurrimiento, producen en la psique individual y, por consecuencia, en la colectiva.
Una sinfonía estrambótica cuyos tonos motivan a unos confundiendo a los casi todos que bastante tienen con no perder la pequeña parcela de ilusión donde se labran las pretensiones que permitan, amoldándose a su cambiante entorno, la total subsistencia en y a través de los tiempos por medio del "logro" de la perpetuación... que no es más que el ego resistiéndose a su irremisible desaparición.
Me ha tocado vivir (fuera de embaucadoras hipocresías y alguna que otra transmigradora buena intención) un ambiente social tan frío e impersonal que es probable resulte nada objetivo al aseverar, como estoy en disposición de hacer, que el mundo se ve condenado a cincelar en piedra su proyecto de corazón, programando en infinita secuencia la automática, incoherente e ilógica quebrantación de pobres fronteras materiales sin conocer ni querer conocer el cómo y el porqué de tal invadidora proyección. En base a lo que algunos llamarán pesimista percepción no me siento orgulloso de pertenecer a una especie empeñada en humillarse reiteradamente recayendo una y otra vez en las mismas faltas sin auténtico cargo de conciencia, empequeñeciéndose a ojos de quien todo lo ve, y más grave aún... ¡ante los suyos propios!
Reconozcámoslo: antes de serenos y apacibles somos codiciosos y potencialmente peligrosos; tan solo se precisa hacer somero uso del sentido histórico en lo general y anecdótico en lo personal (exigencia suprema para demasiados); de no apercibirnos, de no cambiar drásticamente, en metafórico giro de timón, haciendo acopio de cuanta pureza seamos capaces de albergar, desoyendo los subyugadores pero también encandiladores acuerdos que el mal nos oferta, nos condenaremos al más rotundo y pertinaz de los escepticismos, un prefabricado infierno que ni tan siquiera la muerte, por sí misma, sin encontrar nuestra dispuesta colaboración, podrá burlar. Limbo donde el dolor perderá todo sentido y el alma verá puesta en tela de juicio su incuestionable inmortalidad al difuminarse, progresiva y degenerativamente, la propia conceptuación, benigna y paradisíaca, de lo sobrehumano.
Previsibles poseedores de un poder tan relativizable como incontrolado, voluntariamente privados de guía concienciada y concienciadora insuflada por un ánima proveniente del súmmun al que hoy día llamamos Dios, nos quedará la obligada participación en una multitudinaria carrera por llegar a ninguna parte que (por supuesto) estaremos destinados, aun siendo únicos competidores, a perder.
Si elegimos el camino equivocado quedará, como triste consuelo, el significador alivio de una piadosa destrucción provocada por nosotros mismos que, en vehemente desorientación, nos infligiremos en un indomable afán aniquilativo, manipulador y esquilmador que muy bien podría volverse en nuestra contra. Y esto no es un apunte más al agoreril catastrofismo que tantos estilan, es una probabilidad futurible que, por pequeña que sea, no deberíamos despreciar pues, de ser así, crecerá y crecerá hasta hacerse plausible y quién sabe si inevitable.
Lamento, en verdad, expresar una expectativa tan poco alagüeña, puede que reforzada por uno de mis cíclicos momentos bajos de una baqueteada fe, no obstante soy más testarudo que fuerte en este sentido y MANTENGO (así la oscuridad me envuelva sin observable resquicio de luz) que queda un amplísimo margen para la renombrada esperanza, ofertadora de prístino sentido a una vida que pueda parecer, ocasionalmente, carente de relevantes motivaciones o aspiraciones que vayan más allá de las ególatras miras de un monstruoso y pragmático utilitarismo al que, dogmáticamente, se nos exige servir y venerar, entusiastamente... sin cuestionamientos, pero que está repleta de ellas en las cosas más pequeñas que, neciamente, aun sabiendo de ellas, seguimos sin valorar en su justa medida.
Deseo que esta gris profecía se quede en el cabal advertimiento de lo que podría llegar a ser y que posiblemente (ruego y rezo) no será.
Adanhiel.
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