DE LAS HADAS
(cuentos brújicos para mi Marciano)
Debería empezar por el exilio, un exilio tiene una sola meta, largarse de todo, una gotas de rabia habían hecho de nosotros una especie ermitaña, podría ponerle la culpa a mi papá porque le tengo rabia, si una rabia terrible a sus mechas rizadas y pendientes, me he mordido los labios por no escribir una maldición contra aquel curuchupa, el mejor habitante de la iglesia o a mi mamá, mi mamá con la queja en la boca tal cual como mi abuela, de alguna cosa debería culparles a todos, a mí, por andar invocando sus nombres, no, sus fantasmas no son de muertos, son vestigios de vivos quisquillosos que tienen orejas en cada paso. Ojos de pescado en cada cerradura, debe ser la rabia, una rabia tentadora y apetitosa, exactamente esa es la definición de lo que me llevo a liarnos con esos seres.
Seguro, leí claramente todo sobre aquellos bichos, pero esta frase en particular me ha pesado día tras día “Las hadas no pueden ser sino malas o buenas porque, como son tan pequeñitas, no tienen por desgracia sitio sino para albergar un solo sentimiento...” James Barrie.
Pura energía colorida y brillante, son extremadamente bellas, esas alimañas son hermosas, o tan feas como la maldad, aunque a estas alturas la verdad a mi me dan la misma cara, bastante peligrosas las desgraciadas, yo sabría decirlo, al diablo con la ficción ajena, esas cosa venían en enjambres, una puede fastidiar, pero tantas, hay tantas rodándonos.
Me he quedado pensando en la gente buena que cree que existen, las hadas buenas, una cosa es creer y otra palpar, pero también pienso que aquella gente tiene más magia que esas agujas envenenadas, hadas colores pasteles, como cositas lindas, que si, son hermosos y delirantes seres, pero vuelvo y repito esas cosas solo tienen un sentimiento por vez, yo no pude ser hada, ni antes ni nunca, ni me interesa tampoco, yo cargo revoltijos y revoltijos de sensaciones, pero últimamente ya no hay más que rabia, y he empezado a encogerme, tal vez tengo, lo único que tengo es un recuerdo de haber volado desde el balcón este papel.
Hadas, si las hadas se me aparecieron un lunes, el año en que se me ocurrió salir a tomar el bus cada tarde y darme la vuelta a la cuidad hasta el parque más lejano y sentarme a leer los rótulos y las placas de los autos. Son luces al principio, luces intermitentes al ras del piso, aprendía algo nuevo sobre ellas, vienen por el sentimiento que a uno le anda fundando el pecho, tenía mucha rabia, montones de rabia, montón de montones de rabia.
Debí haber nacido, aparte de haber nacido de lado, con un especie de antena transmisora para sucesos pendejos, con un carga de sorpresas inexplicables; según la lógica, la lógica de las variables. Tonterías estadísticas.
Esa tarde, aparecieron como lunares en vestido de vieja, al principio pensé que era culpa de los achaques de mi abuela, siempre que se siente mal, asegura que ve luces, pues me dije a mi misma, ya que había cumplido los algunos años, podría entonces comprender los achaques foto psicóticos de mi abuela ahora que los estaba experimentando en mí o algo así; pero no, para nada, eran bolas reales, no de esas que se quedan en los ojos como cuando miras al sol, supongo que eso sí le pasa a mi abuela. Luego de verlas danzar y con una clara apatía me fui de allí.
Sé que se metieron en las bastas de mi pantalón, son tan pequeñas que me traje como un millón al cuarto; la casa seguía llena de gritos y problemas, muchos problemas, creo que por eso vinieron conmigo, tenían tanta hambre que necesitaban rabia, en mi casa se puede desayunar, almorzar y cenar rabia.
Me alumbraron la madrugada en naranja, no puedo dormir desde entonces por el batir de sus alas o serán sus voces, no sé, habría que echarles la culpa también y esa noche hubiese tomado algún vidrio roto y me hubiese cortado las venas y las venas de todo el que generara su comida para que se vayan, pero no, esa era una terrible condena que acaba de nacer, ellas se quedarían para ponerse gordas y multiplicarse, tal vez por gemación, es que son tan pequeñas que no se distinguen si son machos o hembras.
Puedo culparles, todos los días desde entonces, es como una cadena de intentos homicidas frustrados, no nos quitan la rabia pero tampoco nos dejan matarnos, me pregunto si esto dará miedo, espero que a alguien cuando lo lea le de miedo, a ver si así, esas cosas empieza a morirse de hambre de una vez y en esta casa ya no habrá rabia sino miedo, un absoluto y enorme miedo.
(Si lo lees es que por fin logré tirar el papel por la ventana).